Una figura misteriosa
LA SIBILA
Para la figura de la concha a la derecha del retablo, ataviada a la romana, proponemos una Sibila. Esta propuesta, a primera vista atrevida, requiere una explicación.
Para Augusto, las sibilas, esas profetisas de la Antigüedad, están ligadas a sus triunfos. Una Sibila le había anunciado el dominio del mundo. La Sibila Cumana conduce a Eneas a los infiernos, donde le predicen su gloriosa descendencia, Augusto (Eneida, canto VI). Después de épocas sangrientas la misma Cumana anuncia el retorno a la Edad de Oro, a los primeros tiempos inocentes y felices de la humanidad; esa Edad de Oro será el reinado de Augusto (Virgilio, Égloga IV).
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Sibila Eritrea en la sacristía del Salvador de Úbeda.

Para los cristianos, desde el siglo III se vio en las sibilas las profetisas que predecían el cristianismo a los paganos. Las sibilas anunciaban a Cristo, cuyo nacimiento coincidía con el reinado de Augusto. A partir de finales del siglo XV, esta interpretación va a cobrar un gran éxito y las sibilas cristianas, doce como los apóstoles, proliferarán en Europa en las catedrales y libros religiosos (E. Mâle). Hay nueve en la catedral de Salamanca, por ejemplo.
En la Edad Media el personaje se enriqueció con una nueva leyenda, la sibila Tiburtina anunciando la venida de Cristo a Augusto. Augusto se representa de rodillas, con la sibila a su lado, y la Virgen con el Niño se le aparece en el cielo.
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La sibila Tiburtina y Augusto. Peruzzi. Siena.

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Carlos Augusto y la Sibila. Iglesia del Salvador de Úbeda.

Esta escena, presente en muchos textos e iconografías, nos lleva directamente a Carlos V. La encontramos esculpida a la puerta de la sacristía del Salvador de Úbeda. En este relieve Augusto u Otaviano, como se lee en el cojín, con Toisón, corona, manto imperial y barba, es claramente Carlos. Por consiguiente es él, Carlos, el que hará renacer la Edad de Oro en el mundo, como lo anunciaban muchas obras escritas a su gloria: «Bajo este emperador, un solo rebaño, un solo pastor», rezaba la profetisa de Ariosto, o las palabras ilusionadas del Canciller Gattinara, al inaugurar el nuevo imperio.
Por fin las sibilas se politizaron: Los soberanos, el rey Fernando, la reina Isabel en España, Isabel de Inglaterra, Francisco I y Carlos IX en Francia, las utilizaron, colocando bajo su amparo sus promesas utópicas. Las doce sibilas encabezan el Breviario de Isabel la Católica. En un cuadro de Caron, Carlos IX de Francia está representado de rodillas, con la Sibila a su lado y la Virgen con el niño en el cielo, como Carlos V en Úbeda.
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Sibilas en el Breviario de Isabel la Católica.

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Augusto y la Sibila. Caron. Museo del Louvre.


La sibila corresponde a una corriente mesiánica desarrollada en torno a Carlos, nacida de una aspiración a la unidad europea y al final de las guerras, como lo explica Checa en Carlos Quinto y la imagen del héroe en el Renacimiento, estudio fundamental para el tema que nos ocupa. Mito frustrado que el devenir de la historia se encargaría de contradecir, pero del que, durante decenios, la sibila fue portadora.
Por su mensaje y por su relación con Augusto, la Sibila es un elemento casi ineludible en un programa imperial. Y es un programa imperial lo que nos ofrece la fachada.